domingo, 31 de enero de 2010

Capítulo 7.

Caminamos en silencio hasta las escaleras de la asesoría, donde me soltó la mano y me dejó subir a mí primero. Katia preguntó la contraseña y entramos. Rob estaba escribiendo y el pequeño Lucas no estaba. Miré una décima de segundo a Xander, que captó mi mirada y sonrió. Le devolví la sonrisa. No se le escapaba una. Me quité el abrigo y lo colgué en la percha junto a la puerta.

- Bueno… - Juntó los papeles de la mesa y dio un golpe con ellos para ordenarlos. Luego los pilló con un clip y mientras que los guardaba en el segundo cajón del escritorio, prosiguió.- Haber, como bien sabréis, hoy se celebra la inauguración del museo de arte moderno Rivedencci.

- ¿En serio?- Pregunté.- No sabía nada de eso.

- Pues sí. Y las obras que se exponen son de gran valor.- Se dirigió a mí exclusivamente pues parecía que los demás estaban ya enterados.- Tengo entendido por mi contacto que la exposición comienza a las 8 y 30 de la noche. Por lo que podemos intuir que a partir de las 9y 30, la gente comenzará a abandonar el museo y pasará a la sala principal, el salón, más concretamente.

- Eso quiere decir que mientras ellos se marchan a tomarse cócteles de piña y maracuyá y comen aperitivos de salmón ahumado y caviar, nosotras entraremos en el museo y cogeremos varias cosas. Xander vigilará la puerta.- Concluyó Katia recogiendo su largo y espeso cabello rubio en un moño chafado mientras se ponía el gorro negro y se subía el suéter negro.

-Exacto. –Dijo Rob.

- Ok. – Dije apenas sin pensar. El incidente con Jason me había hecho pensar de otra manera diferente y tal vez si esto saliera bien, podría compensarle.- ¿Cuándo empezamos?

- Ahora mismo.- Dijo Xander. Se levantó seguido de Katia y yo también lo hice. Miré el reloj redondo de pared y me di cuenta de que faltaba poco para las ocho. Qué rápido pasaba el tiempo últimamente.

Nos despedimos de Rob, que se quedó sentado en su silla, mirando los papeles que antes acababa de guardar. Siempre estaba allí metido. La verdad es que conocíamos a Rob desde varios años, pero nunca le veíamos en otro sitio que no fuese la asesoría. Tal vez tuviese una doble vida o algo así.

La furgoneta de Kevin, un chico mayor que solía llevarnos a los sitios tipo camuflaje, era negra entera, con cristales tintados. Al parecer, el tal Kevin, al cual nunca le veíamos la cara pues iba en el apartado delantero del vehículo, era el contacto principal de Rob. La empresa Codicious S.A., ¿tiene gracia, eh?, era muy amplia, y miles de personas estaban dispersadas por los EEUU. Todos y cada uno de ellos habían hecho un pacto sobre nada de revelar el secreto y ofrecer lealtad al encargado de la base de cada Estado. A cambio, obtenías recompensas muy buenas. Bueno, dependiendo del botín, claro.

- Ya estamos llegando al Museo.- Anunció Kevin. Me subí el cuello del jersey negro, me bajé el gorro hasta la altura de las cejas y terminé de abrochar la cremallera del mono. Katia se estaba poniendo sus guantes. Miré a Xander, sentado al lado de Katia, que terminaba de atarse las cordoneras de sus zapatos. Me subió la adrenalina. Realmente iba a ser una noche interesante.

Aparcó en un solar oscuro y lleno de hierbajos. Mierda, justo hoy, que llevaba unas de mis botas favoritas. Caminé a la altura de Katia, que andaba con paso firme y ligero hasta el muro trasero del museo. Dentro se oían voces procedentes de todos los invitados. Me dio un poco de miedo. Y ahí me percaté de que Xander no nos había seguido.

- ¿Dónde está Xander?- Pregunté en un susurro.

- Aquí.- Acababa de llegar y se guardaba algo en el bolsillo.

- ¿Qué hacías?

- Le he dicho a Kevin que estuviese aquí a partir de las 10:20 para que no tuviésemos que esperar, por si acaso.- Se agachó y juntó sus manos. Katia se acercó a él y puso una pierna en sus manos, impulsándose hacia arriba. Se agarró al muro y saltó hacia el otro lado.

- ¡Todo despejado!- Gritó.

Xander me instó con la cabeza. Apoyé una pierna siguiendo el procedimiento de Katia y, al ser más pequeña y ligera que ella, me elevó con más avidez. Trepé por el muro y cuando estuve arriba, le miré.

- ¿Nos vas a esperar aquí?- Pregunté. No sería bueno que cuando nosotras estuviéramos en peligro, él estuviese fuera del recinto, tocándose la barriga.

- Claro. Aunque a lo mejor me cojo y me doy una vuelta por dentro. Ya veremos. Si ocurre algo…- Sacó un pequeño collar del bolsillo y me lo tiró. Lo alcancé al vuelo, mis reflejos estaban aumentando.- Pulsas la piedra roja y os localizaré ¿vale?

-Ok.- Me lo colgué sin pensarlo dos veces.- Nos vemos. Deséanos suerte.- Salté desde el muro. Caí acuclillada con las dos manos, como una auténtica Catwoman. Sonreí al ver mis progresos pero se me borró la sonrisa cuando vi el semblante de Katia.

- Hombre, si se ha dignado a bajar.- Me reprendió. Se fijó en mi collar y preguntó.- ¿Y eso? ¿Te ha pedido que te cases con él?

- Nos hará falta si nos pillan.- Me limité a decir, haciendo caso omiso de su broma.

Estuvimos esperando casi 10 minutos detrás de un sauce llorón en el jardín. Desde una ventana se veía como la gente se paraba a observar pequeñas esculturas y cuadros que no se apreciaban muy bien. Arte contemporáneo, supongo. Al cabo de 20 minutos bostezando como una tonta, la gente comenzó a abandonar la salita. Todos iban vestidos de gala, las chicas con largos vestidos, los hombres con esmóquines y corbatas. Y vi a Edmund. Y me dio miedo.

- Dios mío, Kat. Es Edmund.- Me quité el guante y me llevé la mano a la boca para morderme una uña pero Katia me dio un manotazo en la mano.

- Tía, tranquilízate. – Me puso la mano en el hombro y se bajó el cuello de su jersey un poco para hablar mejor.- Si ese subnormal te toca, hay que recurrir a los recursos anti-pervertidos.

- Pero él no es un pervertido. ¡Es un imbécil! Esto no va a salir bien. El idiota siempre se las arregla para pillarme en media faena.

- Nelly, sigue el método tradicional.- Dijo como si fuese lo más obvio del mundo.

- No te sigo.

- Patada en la entrepierna.- Se encogió de hombros, se subió el cuello y me tiró del brazo para introducirnos por la ventana del salón principal. Qué ingenuos. Dejando las ventanas abiertas.

Katia me indicó que esperase. Al cabo de cinco minutos, se oyó un suave pitido seguido de un chasquido. Acto seguido, apareció corriendo y haciéndome gestos con la mano para que entrase al salón. Cuando estuve a su lado me tendió una bolsa pequeña pero lo suficientemente grande como para meter unas cuantas dosis de ‘’Arte Contemporáneo’’.

- He desactivado la alarma y los sensores. Aún así, no te retrases. Mete todo lo que veas de valor y dentro de media hora como mucho te quiero en el sauce en el que estábamos antes. ¿De acuerdo?- Asentí.- Por cierto, en el baño de hombres de la segunda planta hay un conducto de aire que conduce directamente hacia el jardín. Si te metes en problemas, ve hacia allí.- Se dio la vuelta y sin hacer ruido, se dirigió hacia la parte derecha. Se adentró por un pasillo y desapareció de mi vista.

Comencé por aquel salón. Abrí unas cuantas urnas y saqué esculturas desde el tamaño de una nuez hasta de mi cabeza, que por cierto, eran bastante pesadas. Las metí en el saco y caminé confiada por la estancia, observando algunos cuadros. Estructuras y pinturas abstractas, cubos, esferas y demás, todo esto con nombres patéticos.

Un enorme espejo, con los bordes dorados y grandes círculos de plata en su exterior me llamó la atención al final del pasillo en el que acababa la exposición. Me acerqué a él. Mis andares no eran los de Katia, pero eran de chica al menos. Me observé. Tampoco era tan fea, ¿no? Si me dejara el cabello crecer y me lo tintara de un solo color…

- ¿Quién anda ahí?- Vi al guardia de seguridad en el reflejo del espejo. Mierda.

Salí corriendo con la bolsa a cuestas. Atajé por un pasillo mientras sacaba de mi bolsillo el antifaz de color negro. Toda precaución era poca. Y un callejón sin salida. Joder. Que le den al botín. Dejé la bolsa en el suelo, tras una columna de a saber de que siglo. Al menos si me pillaban, no habría robado nada.

- ¡Detente!- Gritó.

Se le unieron varias voces. Me seguían, estaba en peligro. Bien, Anellys. Esta vez te iba a caer una buena.

- Por aquí.- Un brazo me cogió de la barriga y me ocultó tras la cortina. Ni siquiera hablé. Me limité a ver como el guardia pasaba con una linterna delante de nosotros.

Al cabo de dos minutos, cuando dejé de oír los pasos del señor gordito, me giré para ver quien había sido mi salvación. Me quedé de piedra. Como una de esas esculturas. Pero con la boca abierta.

- ¡Tú!- Medio grité. Al instante me arrepentí. Miré a ambos lados del pasillo para ver si aparecía el señor. Suspiré aliviada cuando vi que no era así.

- De nada, ¿Eh?- Contestó Edmund.- Tenemos que dejar de vernos así, ¿no, Anellys?

- Pero…- Me obligué a callarme.

- ¿Que cómo lo sé?- Se encogió de hombros.- Soy Edmund Delacroix. Lo sé todo.

- Ya, claro. Ni que fueses la Pitonisa Lola.- Rió ante mi respuesta y yo también.

- ¿Sabes? Las veces que te has pasado por mi casa,- me avergoncé.- te has llevado un buen botín. Hombre, para nosotros no es nada. Pero creo que esta vez no te vas a ir de rositas.

Nada más terminar la frase, oí las voces de nuevo. Miré a Ed, que me observaba divertido. Llevaba un esmoquin gris y su largo cabello negro perfectamente peinado. La verdad es que era jodídamente guapo. Me sonrió y añadió:

- Segundo pasillo a la derecha. Toma la segunda puerta a la derecha también. Supongo que ya sabrás salir de ahí.- Concluyó.

- Gracias.- Fue lo único que pude decir.

Salí de allí siguiendo las instrucciones de Ed. ¿De verdad que me había ayudado? Vaya…Casi me costaba creerlo. Segundo pasillo a la derecha. Oí la voz de alguien por lo que me apresuré aún más. Me pregunté donde demonios estaría Katia. Segunda puerta a la derecha. Me detuve apenas un segundo al ver el cartelito de la puerta. Era el baño de hombres de la segunda planta. Entré precipitadamente y cerré la puerta a mi paso. Me apoyé en ella y me deslicé hacia el suelo, quedando apoyada sobre la puerta con la cabeza entre las rodillas. Respiré varias veces y luego levanté la cabeza. Pegué un gritito.

Ante mí, Blake. Tan sumamente guapo como siempre. Pero me miraba como una extraña. En realidad era una extraña para él. Me levanté despacio. Cara a cara con él. Cuanto me dolía tener que hacer esto. Le hice un placaje, pero el lo evitó y me puso el codo tras mi espalda, inmovilizándome. Con la otra mano me tapó la boca.

- ¿A dónde demonios crees que vas?

Me retorcí intentando librarme de su maniobra, pero Blake parecía estar muy preparado. Daba la sensación de que esta situación se le había presentado varias veces. Gruñí por dentro.

- Da rabia, ¿verdad?- Me preguntó. No pude contestarle.- Más rabia me da a mí. Cada vez que entráis tú y tus sucios amigos rastreros a robar las obras de mi padre.

¿Su padre? ¿Rivedencci era su padre? ¿Blake Rivedencci? Estaba alucinada. Pero no tuve tiempo de estarlo más tiempo pues Blake comenzó a andar hacia la puerta. Destino: entregarme a las autoridades. A la fuerza, conseguí hacerme paso entre su mano y gritar:

- ¡No, Blake! ¡Espera! ¡No lo hagas!

Se detuvo en seco, soltando su presa. Me giró y me miró a los ojos. Sus ojos denotaban tristeza y me partieron el corazón. Nunca, bajo ningún concepto debía haber hablado. Y él me había reconocido. Se acercó a mí y tiró del gorro sacándolo de mi cabeza y dejando suelto mi cabello rebelde.

- Nelly…

Me acerqué a él lentamente y le cogí el gorro. Me lo puse de nuevo. Daba la sensación de que se había convertido en una estatua, como las de su padre. Me siguió con la vista mientras que me subía a la taza del inodoro y quitaba la rejilla. Salté y me colé por el agujero. Asomé mi cabeza un poco para ver a Blake. Me miraba, sí, pero sin ver nada.

- Lo siento.- Susurré. Cerré la rejilla y gateé por el conducto del aire.

Estuve más de 5 minutos en los conductos y para cuando conseguí salir al jardín, la mayoría de personas que había en el evento, ya se habían percatado de nuestra entrada. Salí corriendo hacia el sauce. Katia no estaba pero la oí hablar desde el otro lado del muro, con Xander. Escalé por las ramas y salté el muro. En cuanto me oyeron salieron disparados hacia mí. Xander me recogió en sus brazos cuando salté y me acunó como si fuese una niña pequeña.

- Lo siento, lo siento…- Dije. Al instante comencé a llorar y a hipar.- No he podido hacerlo…

- Tranquila, Nel. No pasa nada, ¿vale?- Me susurró al oído. Me abrazó más fuerte.- Todo está bien.

No. Nada estaba bien. Y aún no sabía como demonios les iba a decir que Edmund lo sabía. Y aún menos me había planteado contarles lo de Blake. El pobre Blake. Joder.

Bueno, aunque en ese momento, tan solo me tuve que preocupar de no ahogarme con mis propias lágrimas.

2 comentarios:

Lena dijo...

aaaaaash!
me encantaa^^
pobre blake! :(
cuando vas a seguir?? ;)

Anellys Gray dijo...

Omg!
xD
Pues he empezado a escribir, pero no lo he terminado, por lo que la fecha es ''indefinida''
xDD
Avisaré por el tuenti.=)