domingo, 31 de enero de 2010

Capítulo 7.

Caminamos en silencio hasta las escaleras de la asesoría, donde me soltó la mano y me dejó subir a mí primero. Katia preguntó la contraseña y entramos. Rob estaba escribiendo y el pequeño Lucas no estaba. Miré una décima de segundo a Xander, que captó mi mirada y sonrió. Le devolví la sonrisa. No se le escapaba una. Me quité el abrigo y lo colgué en la percha junto a la puerta.

- Bueno… - Juntó los papeles de la mesa y dio un golpe con ellos para ordenarlos. Luego los pilló con un clip y mientras que los guardaba en el segundo cajón del escritorio, prosiguió.- Haber, como bien sabréis, hoy se celebra la inauguración del museo de arte moderno Rivedencci.

- ¿En serio?- Pregunté.- No sabía nada de eso.

- Pues sí. Y las obras que se exponen son de gran valor.- Se dirigió a mí exclusivamente pues parecía que los demás estaban ya enterados.- Tengo entendido por mi contacto que la exposición comienza a las 8 y 30 de la noche. Por lo que podemos intuir que a partir de las 9y 30, la gente comenzará a abandonar el museo y pasará a la sala principal, el salón, más concretamente.

- Eso quiere decir que mientras ellos se marchan a tomarse cócteles de piña y maracuyá y comen aperitivos de salmón ahumado y caviar, nosotras entraremos en el museo y cogeremos varias cosas. Xander vigilará la puerta.- Concluyó Katia recogiendo su largo y espeso cabello rubio en un moño chafado mientras se ponía el gorro negro y se subía el suéter negro.

-Exacto. –Dijo Rob.

- Ok. – Dije apenas sin pensar. El incidente con Jason me había hecho pensar de otra manera diferente y tal vez si esto saliera bien, podría compensarle.- ¿Cuándo empezamos?

- Ahora mismo.- Dijo Xander. Se levantó seguido de Katia y yo también lo hice. Miré el reloj redondo de pared y me di cuenta de que faltaba poco para las ocho. Qué rápido pasaba el tiempo últimamente.

Nos despedimos de Rob, que se quedó sentado en su silla, mirando los papeles que antes acababa de guardar. Siempre estaba allí metido. La verdad es que conocíamos a Rob desde varios años, pero nunca le veíamos en otro sitio que no fuese la asesoría. Tal vez tuviese una doble vida o algo así.

La furgoneta de Kevin, un chico mayor que solía llevarnos a los sitios tipo camuflaje, era negra entera, con cristales tintados. Al parecer, el tal Kevin, al cual nunca le veíamos la cara pues iba en el apartado delantero del vehículo, era el contacto principal de Rob. La empresa Codicious S.A., ¿tiene gracia, eh?, era muy amplia, y miles de personas estaban dispersadas por los EEUU. Todos y cada uno de ellos habían hecho un pacto sobre nada de revelar el secreto y ofrecer lealtad al encargado de la base de cada Estado. A cambio, obtenías recompensas muy buenas. Bueno, dependiendo del botín, claro.

- Ya estamos llegando al Museo.- Anunció Kevin. Me subí el cuello del jersey negro, me bajé el gorro hasta la altura de las cejas y terminé de abrochar la cremallera del mono. Katia se estaba poniendo sus guantes. Miré a Xander, sentado al lado de Katia, que terminaba de atarse las cordoneras de sus zapatos. Me subió la adrenalina. Realmente iba a ser una noche interesante.

Aparcó en un solar oscuro y lleno de hierbajos. Mierda, justo hoy, que llevaba unas de mis botas favoritas. Caminé a la altura de Katia, que andaba con paso firme y ligero hasta el muro trasero del museo. Dentro se oían voces procedentes de todos los invitados. Me dio un poco de miedo. Y ahí me percaté de que Xander no nos había seguido.

- ¿Dónde está Xander?- Pregunté en un susurro.

- Aquí.- Acababa de llegar y se guardaba algo en el bolsillo.

- ¿Qué hacías?

- Le he dicho a Kevin que estuviese aquí a partir de las 10:20 para que no tuviésemos que esperar, por si acaso.- Se agachó y juntó sus manos. Katia se acercó a él y puso una pierna en sus manos, impulsándose hacia arriba. Se agarró al muro y saltó hacia el otro lado.

- ¡Todo despejado!- Gritó.

Xander me instó con la cabeza. Apoyé una pierna siguiendo el procedimiento de Katia y, al ser más pequeña y ligera que ella, me elevó con más avidez. Trepé por el muro y cuando estuve arriba, le miré.

- ¿Nos vas a esperar aquí?- Pregunté. No sería bueno que cuando nosotras estuviéramos en peligro, él estuviese fuera del recinto, tocándose la barriga.

- Claro. Aunque a lo mejor me cojo y me doy una vuelta por dentro. Ya veremos. Si ocurre algo…- Sacó un pequeño collar del bolsillo y me lo tiró. Lo alcancé al vuelo, mis reflejos estaban aumentando.- Pulsas la piedra roja y os localizaré ¿vale?

-Ok.- Me lo colgué sin pensarlo dos veces.- Nos vemos. Deséanos suerte.- Salté desde el muro. Caí acuclillada con las dos manos, como una auténtica Catwoman. Sonreí al ver mis progresos pero se me borró la sonrisa cuando vi el semblante de Katia.

- Hombre, si se ha dignado a bajar.- Me reprendió. Se fijó en mi collar y preguntó.- ¿Y eso? ¿Te ha pedido que te cases con él?

- Nos hará falta si nos pillan.- Me limité a decir, haciendo caso omiso de su broma.

Estuvimos esperando casi 10 minutos detrás de un sauce llorón en el jardín. Desde una ventana se veía como la gente se paraba a observar pequeñas esculturas y cuadros que no se apreciaban muy bien. Arte contemporáneo, supongo. Al cabo de 20 minutos bostezando como una tonta, la gente comenzó a abandonar la salita. Todos iban vestidos de gala, las chicas con largos vestidos, los hombres con esmóquines y corbatas. Y vi a Edmund. Y me dio miedo.

- Dios mío, Kat. Es Edmund.- Me quité el guante y me llevé la mano a la boca para morderme una uña pero Katia me dio un manotazo en la mano.

- Tía, tranquilízate. – Me puso la mano en el hombro y se bajó el cuello de su jersey un poco para hablar mejor.- Si ese subnormal te toca, hay que recurrir a los recursos anti-pervertidos.

- Pero él no es un pervertido. ¡Es un imbécil! Esto no va a salir bien. El idiota siempre se las arregla para pillarme en media faena.

- Nelly, sigue el método tradicional.- Dijo como si fuese lo más obvio del mundo.

- No te sigo.

- Patada en la entrepierna.- Se encogió de hombros, se subió el cuello y me tiró del brazo para introducirnos por la ventana del salón principal. Qué ingenuos. Dejando las ventanas abiertas.

Katia me indicó que esperase. Al cabo de cinco minutos, se oyó un suave pitido seguido de un chasquido. Acto seguido, apareció corriendo y haciéndome gestos con la mano para que entrase al salón. Cuando estuve a su lado me tendió una bolsa pequeña pero lo suficientemente grande como para meter unas cuantas dosis de ‘’Arte Contemporáneo’’.

- He desactivado la alarma y los sensores. Aún así, no te retrases. Mete todo lo que veas de valor y dentro de media hora como mucho te quiero en el sauce en el que estábamos antes. ¿De acuerdo?- Asentí.- Por cierto, en el baño de hombres de la segunda planta hay un conducto de aire que conduce directamente hacia el jardín. Si te metes en problemas, ve hacia allí.- Se dio la vuelta y sin hacer ruido, se dirigió hacia la parte derecha. Se adentró por un pasillo y desapareció de mi vista.

Comencé por aquel salón. Abrí unas cuantas urnas y saqué esculturas desde el tamaño de una nuez hasta de mi cabeza, que por cierto, eran bastante pesadas. Las metí en el saco y caminé confiada por la estancia, observando algunos cuadros. Estructuras y pinturas abstractas, cubos, esferas y demás, todo esto con nombres patéticos.

Un enorme espejo, con los bordes dorados y grandes círculos de plata en su exterior me llamó la atención al final del pasillo en el que acababa la exposición. Me acerqué a él. Mis andares no eran los de Katia, pero eran de chica al menos. Me observé. Tampoco era tan fea, ¿no? Si me dejara el cabello crecer y me lo tintara de un solo color…

- ¿Quién anda ahí?- Vi al guardia de seguridad en el reflejo del espejo. Mierda.

Salí corriendo con la bolsa a cuestas. Atajé por un pasillo mientras sacaba de mi bolsillo el antifaz de color negro. Toda precaución era poca. Y un callejón sin salida. Joder. Que le den al botín. Dejé la bolsa en el suelo, tras una columna de a saber de que siglo. Al menos si me pillaban, no habría robado nada.

- ¡Detente!- Gritó.

Se le unieron varias voces. Me seguían, estaba en peligro. Bien, Anellys. Esta vez te iba a caer una buena.

- Por aquí.- Un brazo me cogió de la barriga y me ocultó tras la cortina. Ni siquiera hablé. Me limité a ver como el guardia pasaba con una linterna delante de nosotros.

Al cabo de dos minutos, cuando dejé de oír los pasos del señor gordito, me giré para ver quien había sido mi salvación. Me quedé de piedra. Como una de esas esculturas. Pero con la boca abierta.

- ¡Tú!- Medio grité. Al instante me arrepentí. Miré a ambos lados del pasillo para ver si aparecía el señor. Suspiré aliviada cuando vi que no era así.

- De nada, ¿Eh?- Contestó Edmund.- Tenemos que dejar de vernos así, ¿no, Anellys?

- Pero…- Me obligué a callarme.

- ¿Que cómo lo sé?- Se encogió de hombros.- Soy Edmund Delacroix. Lo sé todo.

- Ya, claro. Ni que fueses la Pitonisa Lola.- Rió ante mi respuesta y yo también.

- ¿Sabes? Las veces que te has pasado por mi casa,- me avergoncé.- te has llevado un buen botín. Hombre, para nosotros no es nada. Pero creo que esta vez no te vas a ir de rositas.

Nada más terminar la frase, oí las voces de nuevo. Miré a Ed, que me observaba divertido. Llevaba un esmoquin gris y su largo cabello negro perfectamente peinado. La verdad es que era jodídamente guapo. Me sonrió y añadió:

- Segundo pasillo a la derecha. Toma la segunda puerta a la derecha también. Supongo que ya sabrás salir de ahí.- Concluyó.

- Gracias.- Fue lo único que pude decir.

Salí de allí siguiendo las instrucciones de Ed. ¿De verdad que me había ayudado? Vaya…Casi me costaba creerlo. Segundo pasillo a la derecha. Oí la voz de alguien por lo que me apresuré aún más. Me pregunté donde demonios estaría Katia. Segunda puerta a la derecha. Me detuve apenas un segundo al ver el cartelito de la puerta. Era el baño de hombres de la segunda planta. Entré precipitadamente y cerré la puerta a mi paso. Me apoyé en ella y me deslicé hacia el suelo, quedando apoyada sobre la puerta con la cabeza entre las rodillas. Respiré varias veces y luego levanté la cabeza. Pegué un gritito.

Ante mí, Blake. Tan sumamente guapo como siempre. Pero me miraba como una extraña. En realidad era una extraña para él. Me levanté despacio. Cara a cara con él. Cuanto me dolía tener que hacer esto. Le hice un placaje, pero el lo evitó y me puso el codo tras mi espalda, inmovilizándome. Con la otra mano me tapó la boca.

- ¿A dónde demonios crees que vas?

Me retorcí intentando librarme de su maniobra, pero Blake parecía estar muy preparado. Daba la sensación de que esta situación se le había presentado varias veces. Gruñí por dentro.

- Da rabia, ¿verdad?- Me preguntó. No pude contestarle.- Más rabia me da a mí. Cada vez que entráis tú y tus sucios amigos rastreros a robar las obras de mi padre.

¿Su padre? ¿Rivedencci era su padre? ¿Blake Rivedencci? Estaba alucinada. Pero no tuve tiempo de estarlo más tiempo pues Blake comenzó a andar hacia la puerta. Destino: entregarme a las autoridades. A la fuerza, conseguí hacerme paso entre su mano y gritar:

- ¡No, Blake! ¡Espera! ¡No lo hagas!

Se detuvo en seco, soltando su presa. Me giró y me miró a los ojos. Sus ojos denotaban tristeza y me partieron el corazón. Nunca, bajo ningún concepto debía haber hablado. Y él me había reconocido. Se acercó a mí y tiró del gorro sacándolo de mi cabeza y dejando suelto mi cabello rebelde.

- Nelly…

Me acerqué a él lentamente y le cogí el gorro. Me lo puse de nuevo. Daba la sensación de que se había convertido en una estatua, como las de su padre. Me siguió con la vista mientras que me subía a la taza del inodoro y quitaba la rejilla. Salté y me colé por el agujero. Asomé mi cabeza un poco para ver a Blake. Me miraba, sí, pero sin ver nada.

- Lo siento.- Susurré. Cerré la rejilla y gateé por el conducto del aire.

Estuve más de 5 minutos en los conductos y para cuando conseguí salir al jardín, la mayoría de personas que había en el evento, ya se habían percatado de nuestra entrada. Salí corriendo hacia el sauce. Katia no estaba pero la oí hablar desde el otro lado del muro, con Xander. Escalé por las ramas y salté el muro. En cuanto me oyeron salieron disparados hacia mí. Xander me recogió en sus brazos cuando salté y me acunó como si fuese una niña pequeña.

- Lo siento, lo siento…- Dije. Al instante comencé a llorar y a hipar.- No he podido hacerlo…

- Tranquila, Nel. No pasa nada, ¿vale?- Me susurró al oído. Me abrazó más fuerte.- Todo está bien.

No. Nada estaba bien. Y aún no sabía como demonios les iba a decir que Edmund lo sabía. Y aún menos me había planteado contarles lo de Blake. El pobre Blake. Joder.

Bueno, aunque en ese momento, tan solo me tuve que preocupar de no ahogarme con mis propias lágrimas.

sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 6.

Me introduje en el ascensor mirándole de reojo, pero su rostro mostraba frialdad. La puerta se cerró a tiempo de ver a Xander sonriendo de oreja a oreja. !Maldito sea, lo había hecho a propósito!

- Lo siento, Blake.- Mi miró pero sus ojos parecían ausentes.- Te debo una explicación.

- Ya lo creo.- Su voz denotaba reproche.- Estábamos hablando. Te beso en la nariz, - se puso un poco colorado al decir eso.- y sales corriendo sin decir nada. ¿Como piensas que me he quedado?

- Lo siento.- Repetí.- Pero no ha sido por eso. Me... me ha gustado lo que has hecho.- Me costó admitirlo pero era la verdad.

- ¿Ah, no?-Su rostro denotó sorpresa.

- Mi amiga...- aún me costaba hablar de ello.- Mi amiga Meg, ha hecho una tontería, yo no estaba con ella, se la han llevado en ambulancia...Yo...Yo no sé lo que voy ha hacer.- Me miré los pies avergonzada.

Me miró con aquellos preciosos ojos verdes. Se acercó y me abrazó. Yo lo rodeé con mis brazos, fuerte.

- Ahora soy yo el que lo siente.- Dijo apurado.

- No lo hagas, no tienes culpa de nada. - Me olió el cabello y esperaba que aún conservara el aroma a kiwi de mi champú.

Se echó hacia atrás para poder mirarme. ¿Como podíamos tener esa conexión si a malas penas nos conocíamos de unas cuantas horas? aunque en esas pocas horas ya habían pasado muchas cosas.

- ¿Quien era ese?-Preguntó interesado. Le miré incrédula.

- Mi mejor amigo, Xander. ¿Por qué lo preguntas?

- Pues parecía algo más que tu amigo por las palabras tan bonitas que os decíais.- Suspiró. aún me tenía abrazada.

- !Oh venga!- Sonreí.-!!Estás celoso!!

-!¿Qué?!- Se puso aún más colorado y me reí.- !Yo no he dicho nada de eso!

-Estas celoso. No lo niegues.-Me separé de él y comencé a reir sin parar.

- Definitivamente, deliras.- Dijo, aunque era más que obvio que había dado en el pleno.

El ascensor paró y me bajé. Estaba a punto de decirme algo cuando me sonó el movil.

- Espera un momento.- Le dije. Me puse al móvil.- ¿Sí?

-Nelly, -era Rob.- Tengo trabajo para tí. Te necesito para un recado. Es urgente. Pasate por aquí esta noche. Xander pasará a recogerte.

- ¿Tiene que ser esta noche, Rob?- Medio lloré. Tenía la sensación de que Blake me tenía que decir algo.

- Sí. Ya te explicaré por qué.- Acto seguido, colgó. Me dí la vuelta para afrontar a Blake que tenía la puerta del ascensor cogida con su mano para que no se cerrara.

- ¿Ocurre algo?- Preguntó. Mi cara debía ser un poema.

- No, nada. - murmuré.

- ¿Tienes algo que hacer esta noche? Podríamos salir si te apetece.- Dijo esperanzado. Cómo me dolía tener que rechazarle despues del planton de por la mañana.

- Lo siento, pero no puedo.- Se le descompuso la cara. Intenté inventarme una escusa convincente.- Verás, la madre de mi amiga va a tener que quedarse con ella en el hospital. Me ha pedido que me quede con su hija menor. En otra ocasión si te apetece.

- Claro. Ahora que lo mencionas tengo que asistir a una inauguración de un museo en las afueras. Si quieres salir o algo tan solo tienes que llamar al ático, ¿vale?- Sonrió tristemente. Le dediqué mi mejor sonrisa.

- Vale.- Dejó que se cerrara la puerta.
Abrí la puerta de mi casa y justo cuando la abría, de ella salió una chica muy escotada. Aluciné.

- ¿quién eres tu?- Me preguntó descaradamente.

- En todo caso creo que eso lo debería preguntar yo, ¿no crees?- Dije enfadada.

- Sí, claro.- Enarcó una ceja irónicamente.

- ¿Perdona?- La cogí del hombro y se sacudió mi mano por lo que me limité a empujarla.- Sal de mi casa. AHORA.

Salió a trompicones por culpa de sus altos tacones y su corta minifalda, incluso se tropezó con la alfombra del rellano. Se giró mientras llamaba al ascensor para mirarme malamente. Le cerré la puerta en los morros y grité:

- !!JASON!!- Al instante salió de su habitación. ME sorprendió que me hubiera oído con todo el barullo que salía de su cuarto. Se estaba poniendo la camiseta.

- ¿A qué viene tanto escandalo?- Me dijo. Pasó por mi lado como si nada. Le seguí hasta la cocina.

- !¿Qué a qué viene tanto escándalo?!- No me lo podía creer.- ¿Quien era... esa con la que me he cruzado?Dios, Jason. !Apenas tienes 16 años!

- Tú no eres nadie para decirme con quién puedo hacer lo que me dé la gana.- Se bebió un bote de Pepsi en dos tragos y lo tiró a la basura. Comenzó a andar de nuevo a la habitación.- Además, ¿no fuistes tú la que me obligó a dejar a Pansy? ¿Que era malo para el negocio? Pues ya tienes lo que querías.- Me dolió verle tan dolido. El corazón me dió un vuelco tan sólo de pensar que había dejado a Pansy por mi culpa. Era una buena chica.

- Jason, yo nunca te he dicho que...- !PUM! Puerta en las narices.

Grité de rabia y le pegué una patada a la puerta. Mientras me iba enfadada a mi habitación, oí como su puerta se abría un poco para después cerrarse.
Saqué el gorro, el antifaz y el mono negro. Me coloqué la ropa y el gorro, Guardándome el antifaz en un abrigo que me puse encima para no desentonar. Salí de mi casa y cuando llegué al rellano, Xander ya me estaba esperando.

-Ey.- Saludó. Ni siquiera le miré. Tan sólo me limité a caminar y esperar que él me siguiera.- ¿Te ocurre algo? ¿Qué ha pasado con las palabras de esta mañana?

- Sólo estoy de mal humos, ¿vale? Hoy he tenido un día espantoso.- Le contesté.

-¿Y Jason?- Muy bien, Xander. El dedo en la llaga.- ¿No viene hoy?

- No.- Me limité a decir. Me miré lo pies.-Ultimamente está muy raro.

- Me pregunto por qué será...- Dijo. Le miré y sonreí al ver su rebelde pelo castaño claro mecerse con el frío viento invernal. Me arriesgué y le di la mano, sin miedo a que la gente pensara mal o que él se hiciera ilusiones. Se lo había dejado claro y le apreté fuerte para caldearme a pesar de que mis guantes negros estaban en el bolsillo derecho de mi abrigo.

Capítulo 5.

Salí corriendo del edificio, tropezandome con la estúpida alfombra que había en la entrada, sí, esa que pone WELCOME, que hizo que casi me cayera de nuevo. Cuando giré la calle a toda velocidad, me detuve a orientarme. Dios, de sólo pensar en lo que Meg podía haber hecho, mi mente no funcionaba. ¿Y si se había lastimado? En ese momento oí a alguien gritar mi nombre.

- !Nelly!- Dijo Xander.- !Espera!- llegó a mi posición y me sujetó por los hombros.- ¿Qué ha ocurrido? Estaba a punto de llegar a tu casa cuando has salido corriendo.- Me lo sacudí casi sin querer.

- Es Megan, Xander.- Dije medio llorando. Al instante comprendió. Me ofreció la mano y se la estreché.

- ¿A qué esperamos?- Dijo tirando de mí. No opuse resistencia.

Corrimos por toda la calle sin pararnos a mirar atrás y tan solo podíamos mirar en una dirección: Meg. Casi se me vino el mundo encima cuando avisté el portón de su casa casi al final de la calle. Solté a Xander y corrí por delante de él, tan rápido como mis pantalones me lo permitían. Esta sería la última vez que me compraba los pantalones una talla más grandes.
La puerta estaba entreabierta pues dentro estaba la limpiadora que hacía repaso semanal. Pasé junto a ella como una bala.

- !Niña! ¿No ves que acabo de fregar?- Hice oídos sordos y comencé a subir las escaleras. Al poco tiempo pasó Xander.- ¿Pero qué demonios pasa hoy?- Gruñó de nuevo.

Llegué a la puerta de Megan. Y la aporreé con todas mis ganas.

-!Meg! !Meg, abre la puerta, por favor!- Grité. No obtuve respuesta. Comencé a ponerme nerviosa. Y ahí fue cuando me puse a llorar. Llegó Xander.- !!No Se abre!!- Le grité, frustrada.

- Déjame.- Dijo apartándome de la puerta. Sacó un pequeño aparato que solíamos utilizar para abrir puertas cuando robábamos. Me extrañó que lo llevara encima pero no dije nada. Me limité a imaginar lo peor.

En cuanto consiguió abrirla pasé hacia dentro. Corrí en dirección a la terraza. Allí no estaba. Respiré aliviada. No se por qué, menudo alivio saber que tu amiga no se había tirado por el balcón. Oí un suave sonido en la habitación de Meg. Corrí hacia ella y abrí la puerta.

- !MEG!- lo que estaban viendo mis ojos no tenía nombre.

Todo estaba en orden en su habitación. Sus paredes seguían malvas y eran poco visibles por culpa de todos los bocetos que empapelaban la habitación. La cama estaba hecha y tras ella estaba el caballete que utilizaba para pintar. Sobre él, el lienzo que había comenzado a pintar, la gente con cara alargada, personas chillando, todo gris y rojo y negro. Tardé en darme cuenta de que las manchas de rojo no eran pintura.

Meg estaba tirada bajo la cama, sus ojos eran blancos y de vez en cuando giraban sin ver nada. Lo peor fue ver sus manos. Más concretamente sus dedos, que estaban sangrando, sin uñas y con cortes de pronunciada profundidad que llegaban hasta los nudillos.

- !NO!- Grité. Me arrodillé sobre ella y le puse la cabeza entre mis piernas. Me agaché sobre su pecho, intentando oír el sonido de su corazón. No escuché nada. Y comencé a llorar más fuerte.- !XANDER! !LLAMA A ALGUIEN! - Intenté encontrar el más debil sonido de válbula en su muñeca, manchándome las manos de sangre. Pero lo encontré.

La ambulancia no tardó en venir. Por desgracia tardó lo suficiente como para que le diera tiempo a regresar a la madre de Meg, que comenzó a llorar abrazando a su hija pequeña, que la intentaba consolar sin saber por qué lloraba su madre.

Yo contemplaba la escena en silencio, sujentando la mano de Xander. En la habitación de Meg se seguía oyendo la misma canción como si fuera un disco rayado.

No pude evitar ver como se llevaban a Meg en ambulancia, rodeada de miles de aparatos, tubos y cacharros. Quise subir con ella pero no me dejaron pues no era de su familia. Estaba indignada. Xander me apremió para marcharnos. A él le agredaba la idea de quedarse tan poco como a mí.

Caminamos cogidos de la mano durante todo el trayecto a mi casa, mo cabeza apoyada en su hombro y mis lágrimas cayendo a peso plomo.

- Por favor.- Me dijo. - No llores más. Me están dando ganas de llorar a mí también sólo de verte.- Susurró para hacerme sentir bien. Sonreí a malas penas y miré hacia él.

Sus ojos verdes mostraban ternura y me alegré de que fuera él y no ''otro'' el que me estuviese consolando en estos momentos. También me alegré de no pintarme la cara ni los ojos con los potingues que utilizaba Cassie. Llegamos a el portón de mi edificio. Entramos.

- Perdóname, Xander.- Dije abrazándole. Se quedó estupefacto, pero me abrazó estrechándome contra él.- Eres el mejor amigo que he tenido nunca. Y créeme cuando te digo que no sabes lo que lamento no sentir lo mismo que tú sientes hacia mí. - Solté.

-Está bien. ¿Te he dicho ya que Te quiero, Nelly?.- Dijo abrazándome. Esperaba que lo hubiera entendido.

- Yo también te quiero, Xander.- Le susurré, sabiendo que no tenía el mismo significado para él que para mí.

En ese instante, no me dí cuenta de que el ascensor llevaba abierto un buen rato. Y la persona que había dentro lo había escuchado todo, pero todo. Me solté de Xander rápidamente y dije avergonzada:

- Hola, Blake.

Capítulo 4.

La horrible canción de Slipknot sonaba a todo volumen desde el pasillo. ``Algún día de estos se va a quedar sordo´´ ,me dije.

Aunque en este momento, tampoco es que me preocupara mucho lo que le pasaba a mi hermano. Lo que más me preocupaba era que, en estos momentos, alguien sabía que yo era una ladrona. ¿Pero cómo era esto posible? Yo siempre había sido cuidadosa. Y más la otra vez, cuando Edmund casi me pilla.
Oh Dios. Edmund lo sabía. Y yo aquí tan pancha. Si Rob se enteraba de esto me iba a matar.
Deambulé por el pasillo de principio a fin nosecuantas mil veces. Pero aquel sonido no me dejaba pensar. Me acerqué corriendo a la puerta de Jason y la aporreé.

- ¿¿!Sería mucha molestia que el señorito bajara un poco el volumen por favor!??- Grité irritada. Pero el sonido de mi voz ni siquiera se oyó con todo el jaleo.- Si los vecinos se quejan no quiero saber nada.- Y acto seguido me fui a mi habitación.

Entré directa al armario. Me enfundé unos pantalones vaqueros y las converse. Salí escopetada de la casa sin decirle nada a Jason. Estaba segura de que no me echaría de menos. Entré en el ascensor y pulsé el número 0. Cuando llegué abajo, caminé en silencio pensando en lo que iba a hacer. Y la verdad es que no lo sabía. Cualquier lugar era mejor que mi casa. Avancé un par de pasos y entonces cambié de opinión.
Volví a entrar en el ascensor y pulsé el numero 5. Se me iluminó la cara y enrojecí. Esto era nuevo. ¿Desde cuando pensar en un chico me hacía ponerme nerviosa? Llegué a la quinta planta y caminé hasta la puerta de madera de acebo que tenía enfrente. Toqué el timbre.
La puerta se abrió y sonreí sin saber por qué.

- Qué sorpresa.- Dijo Blake, sonriendo también. Llevaba la misma ropa que ésta tarde cuando nos habíamos encontrado pero seguía siendo igual de guapo.- ¿Querías algo?

- Venía haber si mi querido vecino me daba algo de sal.- Dije con picardía.

- ¿En serio?- Dijo enarcando una ceja.

- Mmm... No.- Dije sinceramente.

Se rió enseñando su blanca dentadura. Y me pregunté si tenía novia. ¿Yo, la dura y Fría Anellys Gray Había pensado eso?

- Pasa.- Me hizo un gesto con la mano y me adentré en su casa. Nada más entrar un agradable sonido inundó su casa.

Quien compararía este sonido con la horrible música que reinaba en mi casa todos los días. Su casa era incluso más grande que la mía. Era un ático por lo que se notaba un monton.

- Pasa al comedor. En seguida estoy allí.- Desapareció por la cocina.

Caminé tocando la pared rugosa por el gotelé hasta el salón. Era muy rústico. Todo cuando había allí era madera negra, sofás negros, televisión negra, mesa negra...
Y entonces me descubrí en la enorme terraza. Una pequeña mesita estaba situada en el centro, como no, negra. Un dulce sonido se oyó desde una de las habitaciones. Caminé hacia una ventana y lo vi tocando un enorme piano de cola. Abri la boca pero no dije nada. Me limité a escucharlo y admirarlo en secreto.

Terminó de tocar. Estuve a punto de aplaudir pero no quise romper el momento. Se levantó de la butaca y se dirigió hacia el salón pero antes de que saliera, chisté para hacerle saber que estaba ahí. Se quedó pensativo.

- ¿Has estado ahí todo el rato?- Preguntó. Asentí.- ¿Y?

- Sin palabras.- Le dije sonriendo.

Se acercó a la ventana, se apoyó en el marco de ésta y me besó la nariz . Abrí los ojos de sorpresa. Él rió a causa de mi reacción. Se hechó hacia atrás e iba a decirme algo, pero en ese instante me sonó el móvil.

Era Megan.

- ¿Sí?- Pregunté.

- Nelly.- Estaba llorando.- Ayúdame, Nelly. Por favor. Ayúdame.

- ¿Qué te ocurre, Meg?

- Lo he hecho, Nelly. Lo he hecho.- La línea se cortó.

Salí corriendo dejando a Blake con cara de preocupación. Estaba pasando algo malo. Muy malo diría yo.

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Capítulo 3.

- Bueno...- Caí al suelo con una avalancha de hojas de papel.

- Lleva cuidado por donde vas, enana.- Soltó Edmund. Siguió caminando seguido de sus fotógrafos y entrevistadores.

Le observé de mala manera como desaparecía por el final del pasillo a la vez que Xander y Meg me ayudaban a levantarme. Mierda. Llevaba en las manos un auténtico tocho de folios, mi trabajo de Sociales, y la caída los había desperdigado todos por el suelo. Me puse a recogerlos rápidamente antes de que la manada de estudiantes saliera disparada debido al espeluznante sonido de la campana oxidada.
Cuando lo hube recogido todo, caminé hasta alcanzar a Xander y Meg, que estaban en la puerta principal esperando a que ordenara el desastre. Qué buenos amigos.

- ¿Ya lo has recogido todo?- Dijo Xander a la vez que echábamos a andar.

- Sí. Gracias por ayudarme.-Dije con ironía.

- Anda, si sabes que yo te quiero mucho.- Me paso el brazo por los hombros. Lo sacudí.

- No lo dudo.- Dije riéndome.

Meg no dijo nada en toda la vuelta a casa. Iba echándole fotos a todo el mundo y raro fue que nadie se quejara. Solía hacer eso a cada salida del instituto, luego cogía su cuaderno y pintaba todo lo que veía en las imágenes. A veces, los rostros de las personas estaban desfigurados y amorfos. Otras veces las caras eran tan perfectas que refulgían en contraste con el espacio en el que se situaban. Dependía de su humor, y no se porque tenía la sensación de que esta vez, las personas dibujadas iban a ser feas. Muy feas.
Llegamos a su casa. Rebuscó en su mochila y sacó unas llaves de lasque colgaba un pequeño dibujo de una casa plastificada. Se giró y me abrazó.

- Gracias, Nelly.- Dijo. Tuve la sensación de que se iba a poner a llorar y eso me recorrió las entrañas.

- Soy tu amiga,¿no?.- La abracé con ternura.- No me las des.

Se dio la vuelta y entró en el pequeño portón del edificio. Su madre y su hermana pequeña, Doreen, se asomaron por la ventana. Su madre me sonrió. Suponía que tener que seguir hacia delante desde que pierdes a tu marido y no puedes aguantar, además de tener a tu único apoyo,una hija de 16 años que se tiraba prácticamente el día entero encerrada en la habitación, pintando y dibujando situaciones imaginarias, no era de gran ayuda.
Saludé a Doreen y seguí caminando junto a Xander. Giramos por una esquina.

- Xander. Quiero que la protejas.- Le dije pensativa.

- Haré lo que pueda Nelly. Siempre haré lo que pueda.

- Pero es que no puedo estar siempre con ella. Mira lo que ha pasado hoy.- Me miré los pies mientras caminábamos. - Es absurdo. Un día se la van a comer, y ella no va ha hacer nada por impedirlo.

Nos paramos en la puerta de mi edificio. Y entonces vi al principio de la calle a Jason morreándose con, nada más y nada menos que con la hija del jefe de Policia. ¿Pero este chico qué era, tonto o subnormal?

- Nos vemos mañana, Xander. Gracias otra vez.- Dije abriendo mi portón.

- Nos vemos, Nelly.- Se giró y desapareció por la esquina.

Respiré hondo y llamé al ascensor. Cuando se abrió di un paso para entrar. Y me quedé pillada. Dentro había un chico más o menos de mi edad que estaba leyendo un folleto. Entré y pulsé el numero 2.

- Hola.- Me saludó. Dios Santo. Sí que era guapo.- Tenía pensado presentarme esta mañana pero te has tirado a matar.- Sonrió.

- ¿Qué...?-Entonces me acordé. Por la mañana casi me como a alguien y por lo visto había sido este chico.- Oh, lo siento. Tenía muchísima prisa y no tenía tiempo. - Dios, qué estúpida. - Soy Anellys, pero llámame Nelly.

- Blake. Mucho gusto.- Me estrechó la mano.- Vivo en el 4º piso, con mis padres. Me acabo de mudar.

- Bienvenido al vecindario.-Sonó el típico ruidito que interrumpe la conversación y que marca la llegada al segundo piso.La puerta se abrió y salí. - Bueno, ya nos veremos.

- Eso espero.- Dijo con una sonrisa.- Vendré de vez en cuando a pedirte sal.

- Te la daré encantada.- Dijé riendo. Se cerró la puerta del ascensor.

Entré a mi casa y tiré por los suelos la mochila. Corrí hasta el salón, quitándome los zapatos a trompicones, y miré por la ventana. Jason ya no estaba por lo que supuse que estaría subiendo. Al instante se oyó la puerta de entrada. Me crucé de brazos e hinché los mofletes. Apareció por la puerta del salón y cuando vio mi postura se echó a reír.

- ¿Qué pasa? ¿Ahora te gusta poner cara de níspero?- Dijo riéndose.

- ¿Por qué no me has despertado esta mañana?- Su rostro se amansó.

- Estabas cansada de ayer. No vi necesario despertarte. Además, sonó el despertador de tu mesilla y ni siquiera te enteraste. Deberías haberte quedado durmiendo.

Sólo lo había hecho para que yo descansara. Vale. Tal vez no fuera tan cabrón como parecía. Ahora venía lo bueno.

- ¿Quien era esa?- Pregunté.

- ¿Quien?- Dijo perspicaz.

- La chica de abajo. Te he visto. No deberías...

- ¿Y a tí que te importa? Métete en tus asuntos, enana.- Dijo enfadado. Se giró y al poco rato se empezó a oir la musica a todo gas de mi hermano.

- Te recuerdo que soy un año mayor que tú.- Dije gritando, sabiendo que no me oiría. Me tiré al sofá. ¿Por qué todo el mundo me llamaba enana? Era indignante.

Cogí mi mochila y comencé a sacar todos los papeles del trabajo, que seguía arrugado en algunas partes. La revolución francesa, la anarquía durante el reinado de Enrique VIII etc... Historia. Puaj. Estaba a punto de comenzar a numerar todas las paginas por si volvía a pasar, cuando vi, pegado a la portada de cartón, un pequeño post-it amarillo. Maldita Cassandra.

- Si ahora me va a venir con amenazas se va a enterar...

Me congelé. No era de Cassandra. Ni de ninguna de sus secuaces. Era anónimo. Pero ya me hacía a la idea de quién podía haber sido. Sólo había escrita una frase.

`` Eres guapa. Pero no lo suficiente.´´

Temblé.

Capítulo 2.

Abrí los ojos lentamente. Una pequeña mosca rondaba por el techo de mi habitación. Hacía calor. Bostecé y me incorporé tirando hacia mis pies las sábanas. Me levanté y por poco pierdo el equilibrio. Tal vez debería volver a acostarme, pensé. Deseché la idea en cuanto miré el reloj y vi que ya eran más de las 10. Caminé medio grogui hasta la cocina. Seguía igual que todos los días. Las paredes de color pastel y los muebles de acero plateado daban sensación de opresión por lo que me limité a coger un zumo de piña del armario y un buen puñado de galletitas para el café. Cerré la puerta de la cocina y caminé por el estrecho pasillo hasta el salón. Bueno, más bien lo hubiera hecho de no ser por que me extrañó no oir el sonido de Slipknot o Sistem of a Down que normalmente solía provenir de la habitación de Jason desde las 9 de la mañana. Tal vez esté con los auriculares puestos, pensé. Y ahí fue cuando se me calleron las galletas al suelo.
MIerda. Mierda, mierda y mierda. Salí corriendo hacia mi cuarto solo para ver lo que ya sabía. Era obvio que hoy era lunes. Y lo que también era obvio es que llegaba tarde al instituto. Corrí hasta la habitación de Jason, y tal y como esperaba, él no estaba.
- Te voy a matar, Jason.- Dije medio gritando a la vez que comenzaba a ponerme el uniforme del instituto.

Entré corriendo a la sala de estar y cogí mi móvil.

- ¿Si?- Contestó una voz.

- ¿Xander?- Comencé a abrocharme aquellos horribles zapatos ortopédicos. Me coloqué el móvil en el hombro.- ¿Me podrías echar una mano?

- Hora y Lugar.- Dijo más que dispuesto.

- Necesito que me encubras en el instituto.- Supliqué.- Jason no me ha despertado. ¡Y Llego muy tarde!- Casi lloré.

- ¿Quieres que pase a recogerte?- Dijo.

- No, Gracias. Ya estoy saliendo de mi casa.- Cerré de un portazo y me colgué la bandolera mientras pulsaba el botón de la planta baja.- Tan sólo díselo a Megan y dí que estoy en el médico, sólo si preguntan.

- A sus órdenes, mi Sargento Anellys.- Dijo con entusiasmo.

- Gracias, Xander. Te debo una. - Suspiré y colgué el teléfono. En cuanto llegué a la planta baja salí corriendo portal abajo. Me chóqué con alguien y caí al suelo. Dios, qué oportuno, pensé. Una mano me ayudó a lenvantarme.

- ¿Te encuentras bien?- Me levanté y salí corriendo hacia la puerta.

- ¡Gracias!- Le grité al desconocido.

Crucé rápido la calle, sin pararme a ver los coches que pitaban a mi paso la imprudencia que acababa de cometer. A lo lejos ví la puerta principal del instituto Harley League High School. Y también oí el sonido de la campana que anunciaba el final del recreo y como el idiota del conserje me cerraba la puerta. Esta vez miré a ambos lados antes de cruzar pero no llegué a esperar a que estuvviera en verde. Para cuando llegué a tocar la puerta principal con las manos, todo los estudiantes ya habían pasado al recibidor y se dirigían a sus respectivas clases.
Mierda, volví a pensar. Corrí hasta la puerta trasera que conectaba con el gimnasio. También estaba cerrada, pero no había tiempo. Tiré mi mochila hacia el interior de la valla y salté con agilidad. La valla no era lo que se dice muy alta por lo que no tuve dificultad si contamos con mis ``dones´´. Agarré de nuevo la bandolera y eché a correr atravesando el campus. Algunos estudiantes que en ese preciso instante estaban calentando para realizar algun tipo de ejercicio, no se cual, me miraron con cara extraña, mientras que algunas de las chicas que ahora salían del vestuario se pusieron a cuchichear, seguramente sobre mi pelo, pues con las prisas, a malas penas había tenido tiempo para peinarme. Como siempre, cada punta de mi cabello, giraba en una dirección opuesta por culpa del aire.
Entré en el pabellón de las clases. Apenas quedaban estudiantes en los pasillos. Corrí hacia la clase de Biología y cuando estuve frente a la puerta, respiré hondo. Dentro se oía barullo, lo que quería decir que el profesor aún no había llegado. Abrí la puerta y entré. Todos se giraron a mi paso mientras me dirigía al lado de Megan. Ésta se situaba apartada de los demás, dibujando en un pequeño cuaderno que solía renovar cada curso. Me senté junto a ella.

- Hola.- Le dije, soltando sobre el suelo mi mochila.

- Veo que ya te encuentras mejor.- Dijo. Dejó de pintar y se giró para mirarme y sonreírme.- Xander me lo ha dicho ésta mañana.

Se giró y siguió dibujando en su cuaderno. Su pelo negro caía hasta la mesa y por lo que había visto, había estado llorando. Sus mejillas estaban coloradas y sus ojos negros hinchados.

- ¿Qué te ha pasado?- Le dije preocupada.

- Nada. - La gente seguía mirándome.- Por cierto, - Añadió.- Llevas la camiseta del revés.-Dijo intentando evadir el tema.

- Me da igual.- Contesté fríamente. Miré al final de la clase y vi a Xander con su grupo de amigos. Me miró y me sonrió.- En seguida vuelvo.- Le dije.

Me miré la camiseta. Bah, qué más da. Cogí la mano a Xander y lo arrastré fuera de aquella conversación ajena. Me miró y se rió.

- ¿Qué te ha pasado? Llevas la camiseta del revés.- Me puso la mano en la frente, fingiendo preocupación.- ¿Tienes fiebre o algo por el estilo?

- ¿Qué le ha ocurrido a Meg?- Le dije. La miré de soslayo. Ella seguía pintando. A Xander se le oscureció el semblante.

- Ha sido Cassie.- Dijo.

- Oh.- Dije con sarcasmo. - Ahora se llama Cassie.- Rodé los ojos y me giré. En aquel momento entró el profesor Eddison.

El resto de la clase la pasé preocupada. Si el grupito de Cassandra había vuelto a molestar y a burlarse de Megan, no íbamos por buen camino.

La clase terminó. Seguí a Meg, que parecía tener prisa y caminé a su lado. Llegamos a las taquillas. La suya estaba pintada y llena de post-it con amenazas y burlas. Me indigné.

- ¿Y esto?- Dije casi gritando.- ¿Cuanto piensas consentir, Meg?- Comenzé a quitar los post- it a pares. Una vez terminé, me mojé el dedo índice con saliva y borré los restos de rotulador.

- Qué bien se te da eso, Anellys. Tal vez en un futuro puedas llegar a limpiar el portón de mi casa.- Un coro de risas siguieron a la voz de pito que había pronunciado la frase. Me giré.

- ¿Tienes algún problema, Cassandra?- Dije de mal humor. La gente curiosa comenzó a situarse alrededor de Cassandra. Vaya, al parecer iba a tener público.

- Oh, no.Qué va. Solo que tu amiguita,- y señaló a Meg con un movimiento de barbilla.- el otro día dibujó una caricatura mía. Mantenla atada y dile que se esté quietecita, ¿vale?.- Y acto seguido me tiró una bola de papel a los pies. La recogí y felicité a Meg.

- Enhorabuena, Megan. Es un retrato de ``Cassie´´ perfecto. Tal vez debamos colgarlo a tamaño real en la puerta del instituto para que todo el mundo pueda apreciarlo ¿no crees?- La gente rió. Había dado en el clavo. Cassie miró frustrada a la multitud. Luego se volvió a dirigir a mí.

- ¿Por que no te vas a barrer, ``pelo escoba´´?- Luego se fijó en mi camiseta y rió.- ¿También eres ciega? ¿O es que no te has mirado al espejo?- Sus amigas rieron. Los demas espectadores ya olían a pelea. Ahí fue cuando me dió el calentón. Caminé borrando el espacio entre nosotras y cuando estuve a menos de 5 centímetros de su cara le solté:

- Cassandra, - Fuí subiendo el tono de voz a cada palabra que dije, por lo que acabé la frase gritando.- ¿Por qué no te metes esa coleta de ``caballo´´ en la boca y nos haces un favor a todos?- Y le soplé en el flequillo,despeinándolo.Todos soltaron un ``ooohhhh´´, y Cassie por poco se pone a llorar. - Qué pena.- Dije.- He despeinado tu hermoso flequillo cargado de kilos y kilos de laca.

Se dió la vuelta indignada, seguida por sus secuaces. Me di la vuelta y Meg me abrazó. Y antes de que la gente comenzara a marcharse, vi a Xander, que con una sonrisa en la boca, comenzó a aplaudir. La gente comenzó a imitarlo y en menos de un segundo me vi rodeada de brazos que me felicitaban y se reían de Cassie.

- Pero cómo no voy a ser popular.- Dije sonriendo para mí misma.

Un chico moreno de ojos azules sonreía desde las escaleras, mientras yo seguía regodeándome de mi victoria
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Capítulo 1.

- Es tu turno, Nelly.

- ¿Ya?- respondí inaudita.- Pero si apenas llevo 3 meses en el negocio. Seguro que fracaso.

- Tranquila, seguro que lo harás muy bien.- Me dijo Xander. Él siempre tan pendiente de mí. Me instó con una mano para que avanzara por el recoveco de la escalera a oscuras.

Comencé a ascender. Esto no había sido una buena idea. Seguro que me iban a pillar. Y entonces… Todos serían descubiertos por mi culpa. Y el negocio se iría al traste.
Llegué a la ostentosa puerta de madera. Miles de dibujos tribales rodeaban los marcos de ésta. Y un enorme ángel pendía del timbre de Toc Toc. ¿De quién demonios había sido la idea de que yo, la novata Anellys, fuese a robar a la mansión Delacroix, en la que vivían los componentes de la familia más rica de la aristocracia de Rhode Island?
Agarré el destornillador y comencé a quitar los tornillos uno por uno. Con una velocidad y agilidad que nadie con unas manos mayores que las mías hubiera podido hacer.
Hubo un pequeño crujido, y la puerta se abrió de par en par. Admiré el gran salón iluminado por pequeños candelabros que alumbraban la estancia con una tenue luz. Y entonces me vino el miedo.
Soy idiota, me dije. ¿Cómo mierda había vuelto a esta asquerosa casa? La última vez lo pasé fatal…

~~ -¿Quién eres? ¿Y qué haces en mi casa?

-No… Yo no estoy…Yo…- Las lágrimas llenaban mis ojos.

- Estás robando. Eres una ladrona.- Aquel niño me miró con sus profundos ojos azules.-Se lo voy a decir a mi padre, y te meterán en la cárcel.- comenzó a alejarse por aquel profundo pasillo.

- No por favor. No le digas nada. Por favor.- No pude evitarlo. Comencé a llorar. El chico se detuvo y comenzó a acercarse a mí. Cuando estuvo enfrente de mí hizo algo que me descolocó. Se inclinó y presionó sus labios contra mi boca. Menos de un segundo después acercó su mano a mi cara y me quitó una lágrima.

- Eres guapa.- Me dijo. Se llevó la lágrima a la boca. Para ser un niño de 9 años al igual que yo, hacía cosas muy extrañas.- Pero no lo suficiente.

Sonrió maliciosamente y me empujó tirándome al suelo. Salió corriendo y todo ocurrió muy rápido. Demasiado rápido...~~

Basta. No puedo seguir así. No puedo seguir atormentándome con los recuerdos del pasado. No más. Sacudí la cabeza para quitarme los pensamientos de encima mientras caminaba por el recibidor. Pasé junto a un enorme espejo. Ésta me reveló lo que ya sabía. Ojos verdes, cabello muy corto con cada mechón en una dirección y cuerpo menudo. Tampoco era nada del otro mundo. Era popular eso sí, pero no por mi cuerpo, mis maneras ni nada de eso. Era popular porque casi siempre estaba metida en todos los fregados.
La verdad es que ser ladrona a tiempo libre me venía muy bien a la hora de escaquearme en las peleas aparte de que gracias a este mini-trabajo podía mantener a mi hermano pequeño( ya no tan pequeño).
Entré al salón comedor y comencé a mirar en los cajones. Abanicos bañados en oro, peinetas de marfil… Lo metí en la mochila. Ahora tocaba lo difícil. Las habitaciones.
La habitación de los señores Delacroix estaba cerrada. Nada que no se pudiera solucionar con un ajuste de bisagras. Una gran cama con biseles rojos y negros ocupaba una parte de la habitación. Junto al balcón, una gran cómoda con cajones y el típico cuadro de un bodegón. Desde luego, no entendía como una familia con tal categoría, seguía con los típicos juegos de la caja fuerte detrás de los cuadros.
En silencio, me deslicé sigilosamente hasta allí. Quité el cuadro de su sitio, lo dejé en el suelo e introduje el código que me había dicho Xander en la combinación.
Con un suave clic se abrió y dejó paso a una pequeña urna que contenía cinco saquitos. Los metí en la bolsa de mi espalda. Y ahora la habitación del ``señorito ´´, como lo llamaban en el instituto. El hijo de los Delacroix siempre había sido un idiota malcriado. Por su culpa me pillaron en mi último robo. Gracias a Dios, Xander siempre me proporcionaba los uniformes negros que cubrían también gran parte de mi cabello, por lo que nadie me reconocía si yo no hablaba.
Caminé en silencio hasta la habitación de Edmund Delacroix. Abrí con cuidado la puerta. Ni siquiera me detuve a mirar alrededor. Me fui directa al uno de los cajones del armario. Allí encontré lo que buscaba. Un monedero en el que habían doscientos euros, un anillo de oro, preservativos…

- ¡Puaj!- susurré soltándolos de golpe. ¿Pero qué hacía este chico en sus ratos libres? Sólo de pensarlo me dieron náuseas.

Seguí buscando en los cajones. Oí un chasquido. Y ocurrió lo que yo más temía. Se encendió la luz. Mierda.

- Hombre. Hacía tiempo que no te veía, pequeña codiciosa.- Dijo. Estaba apoyado en el marco de la puerta. ¿Cómo no me había fijado en que no estaba durmiendo?

Di un paso en la dirección de la ventana. Una huída rápida saltando por la ventana tal vez me salvaría de un aprieto. Él ajustó rápidamente su posición.

- La última vez no tuve ocasión de presentarme, aunque supongo que ya sabrás quien soy.- Respiraba arrogancia en cada pelo. Era horripilante. Alargó la mano. Como yo no se la estreché la bajó casi al instante.- Qué pasa, ¿te ha comido la lengua el gato?- Se rió.

Me moví velozmente. Abrí la ventana y cuando estaba apunto de saltar una mano me agarró del brazo.

- No me irás a dejar con la intriga, ¿verdad?- Y alargó la mano para quitarme la máscara. Consiguió subirla hasta la nariz pues abrí mi boca y le mordí la mano con todas mis ganas. Se apartó de golpe y aproveché para saltar.

Caí con las manos y di una voltereta. Tal vez Xander tuviera razón y estuviera preparada para esto. Trepé por el muro de la mansión magullándome las manos con las espinas de una ortiga. Pero ya estaba fuera. A salvo.
Respiré de nuevo aliviada. Me levanté y comencé a andar en dirección al refugio. En eso estaba cuando una mano me rodeó la boca y me sujetó las manos en mis espalda.
Comencé a forcejear. ¿Un ladrón robando a una ladrona? Intenté utilizar la misma técnica que con Edmund y morderle la mano y lo habría hecho de no haber sido por que reconocí la voz.

- Caray, si que estás tú a la defensiva, ¿no?- Dijo Xander soltándome.

- Ese maldito Edmund. Lo odio. Ha faltado esto,- Hice señas con los dedos indicando poca distancia.- para que me pillaran. Esto.

- Vale. Tal vez no haya sido muy buena idea pero…- Me miró de reojo y sonrió.- Lo has conseguido, ¿no?

Le entregué la mochila y le pegué un manotazo en el hombro.

- Quiero mi parte.- Le dije.

- Claro. Vamos a ver a Rob.

Me quitó la máscara y se inclinó para besarme. Le aparté la cara.

-Vamos a ver a Rob.- repetí. Le cogí de la mano para que no se sintiera ofendido.

Xander era guapo. Pero no me gustaba. Yo le quería como un hermano y para mí nunca sería nada más que eso. Por desgracia, él no pensaba lo mismo.
El refugio estaba instalado en un antiguo edificio. Más concretamente en el quinto piso, en el que antes estaba un buffet de abogados. Subimos los escalones en menos de medio minuto y llamamos a la puerta. Xander seguía callado.

- Si una rosa florece en invierno, ¿de qué color será?.- Rezó Katia desde dentro.

- Las rosas no florecen en invierno.- Dijo Xander. El tono de su voz me confirmó que aún seguía un poco mal por mi rechazo.

La puerta se abrió y entramos. En la sala estaban Katia, mi hermano Jason, el pequeño Lucas y Rob. Me senté al lado de Katia y revolví el pelo de Jason. Rob sonrió al ver que los dos estábamos sanos y salvos, pero sonrió aún más cuando Xander le tiró la mochila a la mesa.

- Enhorabuena.- Le dijo a Xander. Xander cogió asiento, se inclinó hacia atrás y cerró los ojos.

- Díselo a ella. Ha sido quien ha entrado.- Dijo con pesadumbre.

- ¿En serio?- Me preguntó Rob con una sonrisa en los labios.

- Emm… Sí.- Dije mirando a Xander. Estaba enfadado.- He tenido algunas complicaciones pero ha salido bien. Casi me pillan.

- Perfecto.- Dijo Rob. – Pensaba que esta misión iba a ser de Xander debido a tu… atrasada experiencia.

- Ah, si…Eso.- Otra persona que me lo recordaba.

- Os volveré a avisar para la próxima. Estad listos para cualquier intervención. – Y así dio por concluida la sesión.

Nos levantamos de nuestros respectivos asientos. Katia cogió a Lucas de un brazo y lo obligó a incorporarse. Katia era alta, esbelta y rubia, todo lo que un chico pudiera desear. Tenía 17 años, uno más que yo. Lucas era un chico de 10 años que no tenía familia. Lo acogimos sin dudar, en especial Katia, que ya lo trataba como si fuera su hermano.

Mi hermano Jason era muy alto a pesar de tener un año menos. Era más alto que yo, aunque yo creo que a estas alturas todo el mundo era más alto que yo. Tenía mis mismos ojos verdes y el pelo oscuro y lacio hasta los hombros. Me miró con astucia y salió por la puerta.

- Te espero fuera.- Me dijo.

Rob en cambio era mayor. Veintitrés años le echaba yo. Era musculoso, y ya comenzaba a tener signos de madurez. Perilla, hombros anchos etc. Todas las chicas se morían por él. Incluida Katia.

Xander salió por la puerta sin ni siquiera mirarme. Conseguí alcanzarlo y me puse delante suya para que me mirara a los ojos.

- Xander. – Dije.- Lo siento, de veras.

- ¿Por qué? No es culpa tuya que yo te quiera, ¿no?- Me soltó. Eso me dolió.

- ¿Por qué dices eso? Claro que te quiero, Xander. Pero no de esa manera.

Se quedó en silencio, mirándome. Avancé un paso y le rodeé la cintura con los brazos.

- No quiero que nuestra amistad se rompa.- le dije.- Eres mi mejor amigo.

Él también me rodeó con sus brazos.

- Está bien. Mejor ser tu amigo que no ser nada, ¿no?- Me dijo.

Vale. Me había perdonado pero no se había rendido. Se separó de mí y me besó la mejilla.

- Nos vemos mañana.-Se giró y se perdió por la oscura calle.

Me di la vuelta y escruté la oscuridad para ver a Jason apoyado sobre una pared iluminada por el leve alumbramiento intermitente de una farola.

- Vamos.- le dije.

Comenzamos a andar en dirección a nuestro pequeño apartamento. No estaba nada mal. El edificio era nuevo y nos lo rebajaban por el hecho de ser estudiantes. Dos habitaciones, comedor, cocina y baño. Gracias al dinero de los robos conseguíamos mantenernos.

Ascendimos por el portón al ascensor. Cuando estábamos dentro me preguntó.

- ¿Tan difícil a sido?

- El idiota de Edmund. La última vez que fui ocurrió más o menos lo mismo. Sólo que aquella vez no estaba tan preparada y me cogieron. – Respondí.- Además, Edmund antes era más rápido. La cosa es que daba la sensación de que estaba esperándome.

No volvió a hablar. A Jason no le agradaba la idea de robar. Pero no podíamos hacer otra cosa pues éramos menores y no nos querían aceptar en ningún sitio. Cuando entramos, él se fue a su cuarto sin mediar palabra. Yo me quité todo el uniforme y me metí a ducharme.

Cuando salí, me enfundé mi precioso pijama de estrellas y me tumbé en la cama boca arriba. Los robos que tenía que hacer yo sola me dejaban agotada. Encendí el equipo de música y puse el disco que me regaló Xander para mi cumpleaños con canciones lentas para que pudiera conciliar el sueño.

Elegí ``Who am I to say ´´ de Hope. En cuanto comenzaron a sonar los primeros atisbos de melodía me quedé rendida.

Prólogo.

Vale.
Veo bien que Jason pase de mí como una mierda. Yo también lo haría.
Ok.
También veo bien que se enamore. Está en todo su derecho, pues desde que murieron nuestros padres siempre ha estado viviendo encerrado en su habitación destrozándose los oídos escuchando metal a todas horas.
De acuerdo.
¿Pero en qué estoy pensando? Es un idiota. Si no le resbalase todo lo que le digo, pues a lo mejor, no estaríamos en este monumental embrollo. Y sí. Puede enamorarse de quien le plazca, pero ¿no podía, no sé, no había otra chica en el remoto mundo de la que enamorarse? No. Tenía que hacerlo de Pansy.
Oh, no es por nada. Al contrario, Pansy me parece perfecta para él: Es lista, inteligente y tímida. Todo lo contrario a mi hermano. Y como siempre, los polos opuestos se atraen. Además, la jodida es condenadamente guapa.
¿Pero es que no se ha parado ha pensar? Sí, se que todo eso le da dolor de cabeza y migrañas y ¡pamplinas! Es un pelma. Y por su culpa, cómo no, siempre me la cargo yo. Pansy es la hija del Jefe de Policía de Providence, y el que Jason se enamore de ella, no viene nada bien para el negocio.

Y para colmo de males, Edmund Delacroix, el insufrible hijo de los mas prestigiosos aristócratas del estado de Rhode Island, sí el que está como un queso, moreno de ojos azules, con dos pircings en el labio inferior y otro en la lengua, aquel malcriado que hace que casi me pillen... Creo que me está empezando a gustar. ¡Dios! ¿Yo he dicho eso?
Por mucho que piense sigue siendo el imbécil de Edmund. Y no puedo fijarme en él. Estar metida en el trabajo no es tan facil como parece y requiere seguir unas normas.

Además, no creo que el ``cara de ÑU´´ de Ed se fije en mi pelo corto alborotado, mi cuerpo menudo y mis ojos verdes cuando puede tener a todas las chicas de la ciudad lamiendole los pies. Puaj. Que. Asco.

Pero bueno, ésta es mi vida. Soy una Ladrona, así que, ¿Qué más quieres?