sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 4.

La horrible canción de Slipknot sonaba a todo volumen desde el pasillo. ``Algún día de estos se va a quedar sordo´´ ,me dije.

Aunque en este momento, tampoco es que me preocupara mucho lo que le pasaba a mi hermano. Lo que más me preocupaba era que, en estos momentos, alguien sabía que yo era una ladrona. ¿Pero cómo era esto posible? Yo siempre había sido cuidadosa. Y más la otra vez, cuando Edmund casi me pilla.
Oh Dios. Edmund lo sabía. Y yo aquí tan pancha. Si Rob se enteraba de esto me iba a matar.
Deambulé por el pasillo de principio a fin nosecuantas mil veces. Pero aquel sonido no me dejaba pensar. Me acerqué corriendo a la puerta de Jason y la aporreé.

- ¿¿!Sería mucha molestia que el señorito bajara un poco el volumen por favor!??- Grité irritada. Pero el sonido de mi voz ni siquiera se oyó con todo el jaleo.- Si los vecinos se quejan no quiero saber nada.- Y acto seguido me fui a mi habitación.

Entré directa al armario. Me enfundé unos pantalones vaqueros y las converse. Salí escopetada de la casa sin decirle nada a Jason. Estaba segura de que no me echaría de menos. Entré en el ascensor y pulsé el número 0. Cuando llegué abajo, caminé en silencio pensando en lo que iba a hacer. Y la verdad es que no lo sabía. Cualquier lugar era mejor que mi casa. Avancé un par de pasos y entonces cambié de opinión.
Volví a entrar en el ascensor y pulsé el numero 5. Se me iluminó la cara y enrojecí. Esto era nuevo. ¿Desde cuando pensar en un chico me hacía ponerme nerviosa? Llegué a la quinta planta y caminé hasta la puerta de madera de acebo que tenía enfrente. Toqué el timbre.
La puerta se abrió y sonreí sin saber por qué.

- Qué sorpresa.- Dijo Blake, sonriendo también. Llevaba la misma ropa que ésta tarde cuando nos habíamos encontrado pero seguía siendo igual de guapo.- ¿Querías algo?

- Venía haber si mi querido vecino me daba algo de sal.- Dije con picardía.

- ¿En serio?- Dijo enarcando una ceja.

- Mmm... No.- Dije sinceramente.

Se rió enseñando su blanca dentadura. Y me pregunté si tenía novia. ¿Yo, la dura y Fría Anellys Gray Había pensado eso?

- Pasa.- Me hizo un gesto con la mano y me adentré en su casa. Nada más entrar un agradable sonido inundó su casa.

Quien compararía este sonido con la horrible música que reinaba en mi casa todos los días. Su casa era incluso más grande que la mía. Era un ático por lo que se notaba un monton.

- Pasa al comedor. En seguida estoy allí.- Desapareció por la cocina.

Caminé tocando la pared rugosa por el gotelé hasta el salón. Era muy rústico. Todo cuando había allí era madera negra, sofás negros, televisión negra, mesa negra...
Y entonces me descubrí en la enorme terraza. Una pequeña mesita estaba situada en el centro, como no, negra. Un dulce sonido se oyó desde una de las habitaciones. Caminé hacia una ventana y lo vi tocando un enorme piano de cola. Abri la boca pero no dije nada. Me limité a escucharlo y admirarlo en secreto.

Terminó de tocar. Estuve a punto de aplaudir pero no quise romper el momento. Se levantó de la butaca y se dirigió hacia el salón pero antes de que saliera, chisté para hacerle saber que estaba ahí. Se quedó pensativo.

- ¿Has estado ahí todo el rato?- Preguntó. Asentí.- ¿Y?

- Sin palabras.- Le dije sonriendo.

Se acercó a la ventana, se apoyó en el marco de ésta y me besó la nariz . Abrí los ojos de sorpresa. Él rió a causa de mi reacción. Se hechó hacia atrás e iba a decirme algo, pero en ese instante me sonó el móvil.

Era Megan.

- ¿Sí?- Pregunté.

- Nelly.- Estaba llorando.- Ayúdame, Nelly. Por favor. Ayúdame.

- ¿Qué te ocurre, Meg?

- Lo he hecho, Nelly. Lo he hecho.- La línea se cortó.

Salí corriendo dejando a Blake con cara de preocupación. Estaba pasando algo malo. Muy malo diría yo.

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