sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 1.

- Es tu turno, Nelly.

- ¿Ya?- respondí inaudita.- Pero si apenas llevo 3 meses en el negocio. Seguro que fracaso.

- Tranquila, seguro que lo harás muy bien.- Me dijo Xander. Él siempre tan pendiente de mí. Me instó con una mano para que avanzara por el recoveco de la escalera a oscuras.

Comencé a ascender. Esto no había sido una buena idea. Seguro que me iban a pillar. Y entonces… Todos serían descubiertos por mi culpa. Y el negocio se iría al traste.
Llegué a la ostentosa puerta de madera. Miles de dibujos tribales rodeaban los marcos de ésta. Y un enorme ángel pendía del timbre de Toc Toc. ¿De quién demonios había sido la idea de que yo, la novata Anellys, fuese a robar a la mansión Delacroix, en la que vivían los componentes de la familia más rica de la aristocracia de Rhode Island?
Agarré el destornillador y comencé a quitar los tornillos uno por uno. Con una velocidad y agilidad que nadie con unas manos mayores que las mías hubiera podido hacer.
Hubo un pequeño crujido, y la puerta se abrió de par en par. Admiré el gran salón iluminado por pequeños candelabros que alumbraban la estancia con una tenue luz. Y entonces me vino el miedo.
Soy idiota, me dije. ¿Cómo mierda había vuelto a esta asquerosa casa? La última vez lo pasé fatal…

~~ -¿Quién eres? ¿Y qué haces en mi casa?

-No… Yo no estoy…Yo…- Las lágrimas llenaban mis ojos.

- Estás robando. Eres una ladrona.- Aquel niño me miró con sus profundos ojos azules.-Se lo voy a decir a mi padre, y te meterán en la cárcel.- comenzó a alejarse por aquel profundo pasillo.

- No por favor. No le digas nada. Por favor.- No pude evitarlo. Comencé a llorar. El chico se detuvo y comenzó a acercarse a mí. Cuando estuvo enfrente de mí hizo algo que me descolocó. Se inclinó y presionó sus labios contra mi boca. Menos de un segundo después acercó su mano a mi cara y me quitó una lágrima.

- Eres guapa.- Me dijo. Se llevó la lágrima a la boca. Para ser un niño de 9 años al igual que yo, hacía cosas muy extrañas.- Pero no lo suficiente.

Sonrió maliciosamente y me empujó tirándome al suelo. Salió corriendo y todo ocurrió muy rápido. Demasiado rápido...~~

Basta. No puedo seguir así. No puedo seguir atormentándome con los recuerdos del pasado. No más. Sacudí la cabeza para quitarme los pensamientos de encima mientras caminaba por el recibidor. Pasé junto a un enorme espejo. Ésta me reveló lo que ya sabía. Ojos verdes, cabello muy corto con cada mechón en una dirección y cuerpo menudo. Tampoco era nada del otro mundo. Era popular eso sí, pero no por mi cuerpo, mis maneras ni nada de eso. Era popular porque casi siempre estaba metida en todos los fregados.
La verdad es que ser ladrona a tiempo libre me venía muy bien a la hora de escaquearme en las peleas aparte de que gracias a este mini-trabajo podía mantener a mi hermano pequeño( ya no tan pequeño).
Entré al salón comedor y comencé a mirar en los cajones. Abanicos bañados en oro, peinetas de marfil… Lo metí en la mochila. Ahora tocaba lo difícil. Las habitaciones.
La habitación de los señores Delacroix estaba cerrada. Nada que no se pudiera solucionar con un ajuste de bisagras. Una gran cama con biseles rojos y negros ocupaba una parte de la habitación. Junto al balcón, una gran cómoda con cajones y el típico cuadro de un bodegón. Desde luego, no entendía como una familia con tal categoría, seguía con los típicos juegos de la caja fuerte detrás de los cuadros.
En silencio, me deslicé sigilosamente hasta allí. Quité el cuadro de su sitio, lo dejé en el suelo e introduje el código que me había dicho Xander en la combinación.
Con un suave clic se abrió y dejó paso a una pequeña urna que contenía cinco saquitos. Los metí en la bolsa de mi espalda. Y ahora la habitación del ``señorito ´´, como lo llamaban en el instituto. El hijo de los Delacroix siempre había sido un idiota malcriado. Por su culpa me pillaron en mi último robo. Gracias a Dios, Xander siempre me proporcionaba los uniformes negros que cubrían también gran parte de mi cabello, por lo que nadie me reconocía si yo no hablaba.
Caminé en silencio hasta la habitación de Edmund Delacroix. Abrí con cuidado la puerta. Ni siquiera me detuve a mirar alrededor. Me fui directa al uno de los cajones del armario. Allí encontré lo que buscaba. Un monedero en el que habían doscientos euros, un anillo de oro, preservativos…

- ¡Puaj!- susurré soltándolos de golpe. ¿Pero qué hacía este chico en sus ratos libres? Sólo de pensarlo me dieron náuseas.

Seguí buscando en los cajones. Oí un chasquido. Y ocurrió lo que yo más temía. Se encendió la luz. Mierda.

- Hombre. Hacía tiempo que no te veía, pequeña codiciosa.- Dijo. Estaba apoyado en el marco de la puerta. ¿Cómo no me había fijado en que no estaba durmiendo?

Di un paso en la dirección de la ventana. Una huída rápida saltando por la ventana tal vez me salvaría de un aprieto. Él ajustó rápidamente su posición.

- La última vez no tuve ocasión de presentarme, aunque supongo que ya sabrás quien soy.- Respiraba arrogancia en cada pelo. Era horripilante. Alargó la mano. Como yo no se la estreché la bajó casi al instante.- Qué pasa, ¿te ha comido la lengua el gato?- Se rió.

Me moví velozmente. Abrí la ventana y cuando estaba apunto de saltar una mano me agarró del brazo.

- No me irás a dejar con la intriga, ¿verdad?- Y alargó la mano para quitarme la máscara. Consiguió subirla hasta la nariz pues abrí mi boca y le mordí la mano con todas mis ganas. Se apartó de golpe y aproveché para saltar.

Caí con las manos y di una voltereta. Tal vez Xander tuviera razón y estuviera preparada para esto. Trepé por el muro de la mansión magullándome las manos con las espinas de una ortiga. Pero ya estaba fuera. A salvo.
Respiré de nuevo aliviada. Me levanté y comencé a andar en dirección al refugio. En eso estaba cuando una mano me rodeó la boca y me sujetó las manos en mis espalda.
Comencé a forcejear. ¿Un ladrón robando a una ladrona? Intenté utilizar la misma técnica que con Edmund y morderle la mano y lo habría hecho de no haber sido por que reconocí la voz.

- Caray, si que estás tú a la defensiva, ¿no?- Dijo Xander soltándome.

- Ese maldito Edmund. Lo odio. Ha faltado esto,- Hice señas con los dedos indicando poca distancia.- para que me pillaran. Esto.

- Vale. Tal vez no haya sido muy buena idea pero…- Me miró de reojo y sonrió.- Lo has conseguido, ¿no?

Le entregué la mochila y le pegué un manotazo en el hombro.

- Quiero mi parte.- Le dije.

- Claro. Vamos a ver a Rob.

Me quitó la máscara y se inclinó para besarme. Le aparté la cara.

-Vamos a ver a Rob.- repetí. Le cogí de la mano para que no se sintiera ofendido.

Xander era guapo. Pero no me gustaba. Yo le quería como un hermano y para mí nunca sería nada más que eso. Por desgracia, él no pensaba lo mismo.
El refugio estaba instalado en un antiguo edificio. Más concretamente en el quinto piso, en el que antes estaba un buffet de abogados. Subimos los escalones en menos de medio minuto y llamamos a la puerta. Xander seguía callado.

- Si una rosa florece en invierno, ¿de qué color será?.- Rezó Katia desde dentro.

- Las rosas no florecen en invierno.- Dijo Xander. El tono de su voz me confirmó que aún seguía un poco mal por mi rechazo.

La puerta se abrió y entramos. En la sala estaban Katia, mi hermano Jason, el pequeño Lucas y Rob. Me senté al lado de Katia y revolví el pelo de Jason. Rob sonrió al ver que los dos estábamos sanos y salvos, pero sonrió aún más cuando Xander le tiró la mochila a la mesa.

- Enhorabuena.- Le dijo a Xander. Xander cogió asiento, se inclinó hacia atrás y cerró los ojos.

- Díselo a ella. Ha sido quien ha entrado.- Dijo con pesadumbre.

- ¿En serio?- Me preguntó Rob con una sonrisa en los labios.

- Emm… Sí.- Dije mirando a Xander. Estaba enfadado.- He tenido algunas complicaciones pero ha salido bien. Casi me pillan.

- Perfecto.- Dijo Rob. – Pensaba que esta misión iba a ser de Xander debido a tu… atrasada experiencia.

- Ah, si…Eso.- Otra persona que me lo recordaba.

- Os volveré a avisar para la próxima. Estad listos para cualquier intervención. – Y así dio por concluida la sesión.

Nos levantamos de nuestros respectivos asientos. Katia cogió a Lucas de un brazo y lo obligó a incorporarse. Katia era alta, esbelta y rubia, todo lo que un chico pudiera desear. Tenía 17 años, uno más que yo. Lucas era un chico de 10 años que no tenía familia. Lo acogimos sin dudar, en especial Katia, que ya lo trataba como si fuera su hermano.

Mi hermano Jason era muy alto a pesar de tener un año menos. Era más alto que yo, aunque yo creo que a estas alturas todo el mundo era más alto que yo. Tenía mis mismos ojos verdes y el pelo oscuro y lacio hasta los hombros. Me miró con astucia y salió por la puerta.

- Te espero fuera.- Me dijo.

Rob en cambio era mayor. Veintitrés años le echaba yo. Era musculoso, y ya comenzaba a tener signos de madurez. Perilla, hombros anchos etc. Todas las chicas se morían por él. Incluida Katia.

Xander salió por la puerta sin ni siquiera mirarme. Conseguí alcanzarlo y me puse delante suya para que me mirara a los ojos.

- Xander. – Dije.- Lo siento, de veras.

- ¿Por qué? No es culpa tuya que yo te quiera, ¿no?- Me soltó. Eso me dolió.

- ¿Por qué dices eso? Claro que te quiero, Xander. Pero no de esa manera.

Se quedó en silencio, mirándome. Avancé un paso y le rodeé la cintura con los brazos.

- No quiero que nuestra amistad se rompa.- le dije.- Eres mi mejor amigo.

Él también me rodeó con sus brazos.

- Está bien. Mejor ser tu amigo que no ser nada, ¿no?- Me dijo.

Vale. Me había perdonado pero no se había rendido. Se separó de mí y me besó la mejilla.

- Nos vemos mañana.-Se giró y se perdió por la oscura calle.

Me di la vuelta y escruté la oscuridad para ver a Jason apoyado sobre una pared iluminada por el leve alumbramiento intermitente de una farola.

- Vamos.- le dije.

Comenzamos a andar en dirección a nuestro pequeño apartamento. No estaba nada mal. El edificio era nuevo y nos lo rebajaban por el hecho de ser estudiantes. Dos habitaciones, comedor, cocina y baño. Gracias al dinero de los robos conseguíamos mantenernos.

Ascendimos por el portón al ascensor. Cuando estábamos dentro me preguntó.

- ¿Tan difícil a sido?

- El idiota de Edmund. La última vez que fui ocurrió más o menos lo mismo. Sólo que aquella vez no estaba tan preparada y me cogieron. – Respondí.- Además, Edmund antes era más rápido. La cosa es que daba la sensación de que estaba esperándome.

No volvió a hablar. A Jason no le agradaba la idea de robar. Pero no podíamos hacer otra cosa pues éramos menores y no nos querían aceptar en ningún sitio. Cuando entramos, él se fue a su cuarto sin mediar palabra. Yo me quité todo el uniforme y me metí a ducharme.

Cuando salí, me enfundé mi precioso pijama de estrellas y me tumbé en la cama boca arriba. Los robos que tenía que hacer yo sola me dejaban agotada. Encendí el equipo de música y puse el disco que me regaló Xander para mi cumpleaños con canciones lentas para que pudiera conciliar el sueño.

Elegí ``Who am I to say ´´ de Hope. En cuanto comenzaron a sonar los primeros atisbos de melodía me quedé rendida.

1 comentario:

Pam dijo...

Al fin empiezo a leer, muajajaja. He tardado la tira tiempo pero al fin lo conseguí =D
Mola, solo lei el primer capítulo pero pienso seguir (si el destino me lo permite...). Sólo una cosa, que facil entrar en a casa y todo eso, ¿no? Sera cosa mía, pero me imaginaba más seguridad en una casa de ricos y a la que además ya habían entrado a robar... Ella sabe abrir cajas fuertes??? Es que eso me molaría que no veas (empiezo a desvariar un poco, mejor lo voy dejando). Ya me quedan menos capítulos por leer!!! (LL)