sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 5.

Salí corriendo del edificio, tropezandome con la estúpida alfombra que había en la entrada, sí, esa que pone WELCOME, que hizo que casi me cayera de nuevo. Cuando giré la calle a toda velocidad, me detuve a orientarme. Dios, de sólo pensar en lo que Meg podía haber hecho, mi mente no funcionaba. ¿Y si se había lastimado? En ese momento oí a alguien gritar mi nombre.

- !Nelly!- Dijo Xander.- !Espera!- llegó a mi posición y me sujetó por los hombros.- ¿Qué ha ocurrido? Estaba a punto de llegar a tu casa cuando has salido corriendo.- Me lo sacudí casi sin querer.

- Es Megan, Xander.- Dije medio llorando. Al instante comprendió. Me ofreció la mano y se la estreché.

- ¿A qué esperamos?- Dijo tirando de mí. No opuse resistencia.

Corrimos por toda la calle sin pararnos a mirar atrás y tan solo podíamos mirar en una dirección: Meg. Casi se me vino el mundo encima cuando avisté el portón de su casa casi al final de la calle. Solté a Xander y corrí por delante de él, tan rápido como mis pantalones me lo permitían. Esta sería la última vez que me compraba los pantalones una talla más grandes.
La puerta estaba entreabierta pues dentro estaba la limpiadora que hacía repaso semanal. Pasé junto a ella como una bala.

- !Niña! ¿No ves que acabo de fregar?- Hice oídos sordos y comencé a subir las escaleras. Al poco tiempo pasó Xander.- ¿Pero qué demonios pasa hoy?- Gruñó de nuevo.

Llegué a la puerta de Megan. Y la aporreé con todas mis ganas.

-!Meg! !Meg, abre la puerta, por favor!- Grité. No obtuve respuesta. Comencé a ponerme nerviosa. Y ahí fue cuando me puse a llorar. Llegó Xander.- !!No Se abre!!- Le grité, frustrada.

- Déjame.- Dijo apartándome de la puerta. Sacó un pequeño aparato que solíamos utilizar para abrir puertas cuando robábamos. Me extrañó que lo llevara encima pero no dije nada. Me limité a imaginar lo peor.

En cuanto consiguió abrirla pasé hacia dentro. Corrí en dirección a la terraza. Allí no estaba. Respiré aliviada. No se por qué, menudo alivio saber que tu amiga no se había tirado por el balcón. Oí un suave sonido en la habitación de Meg. Corrí hacia ella y abrí la puerta.

- !MEG!- lo que estaban viendo mis ojos no tenía nombre.

Todo estaba en orden en su habitación. Sus paredes seguían malvas y eran poco visibles por culpa de todos los bocetos que empapelaban la habitación. La cama estaba hecha y tras ella estaba el caballete que utilizaba para pintar. Sobre él, el lienzo que había comenzado a pintar, la gente con cara alargada, personas chillando, todo gris y rojo y negro. Tardé en darme cuenta de que las manchas de rojo no eran pintura.

Meg estaba tirada bajo la cama, sus ojos eran blancos y de vez en cuando giraban sin ver nada. Lo peor fue ver sus manos. Más concretamente sus dedos, que estaban sangrando, sin uñas y con cortes de pronunciada profundidad que llegaban hasta los nudillos.

- !NO!- Grité. Me arrodillé sobre ella y le puse la cabeza entre mis piernas. Me agaché sobre su pecho, intentando oír el sonido de su corazón. No escuché nada. Y comencé a llorar más fuerte.- !XANDER! !LLAMA A ALGUIEN! - Intenté encontrar el más debil sonido de válbula en su muñeca, manchándome las manos de sangre. Pero lo encontré.

La ambulancia no tardó en venir. Por desgracia tardó lo suficiente como para que le diera tiempo a regresar a la madre de Meg, que comenzó a llorar abrazando a su hija pequeña, que la intentaba consolar sin saber por qué lloraba su madre.

Yo contemplaba la escena en silencio, sujentando la mano de Xander. En la habitación de Meg se seguía oyendo la misma canción como si fuera un disco rayado.

No pude evitar ver como se llevaban a Meg en ambulancia, rodeada de miles de aparatos, tubos y cacharros. Quise subir con ella pero no me dejaron pues no era de su familia. Estaba indignada. Xander me apremió para marcharnos. A él le agredaba la idea de quedarse tan poco como a mí.

Caminamos cogidos de la mano durante todo el trayecto a mi casa, mo cabeza apoyada en su hombro y mis lágrimas cayendo a peso plomo.

- Por favor.- Me dijo. - No llores más. Me están dando ganas de llorar a mí también sólo de verte.- Susurró para hacerme sentir bien. Sonreí a malas penas y miré hacia él.

Sus ojos verdes mostraban ternura y me alegré de que fuera él y no ''otro'' el que me estuviese consolando en estos momentos. También me alegré de no pintarme la cara ni los ojos con los potingues que utilizaba Cassie. Llegamos a el portón de mi edificio. Entramos.

- Perdóname, Xander.- Dije abrazándole. Se quedó estupefacto, pero me abrazó estrechándome contra él.- Eres el mejor amigo que he tenido nunca. Y créeme cuando te digo que no sabes lo que lamento no sentir lo mismo que tú sientes hacia mí. - Solté.

-Está bien. ¿Te he dicho ya que Te quiero, Nelly?.- Dijo abrazándome. Esperaba que lo hubiera entendido.

- Yo también te quiero, Xander.- Le susurré, sabiendo que no tenía el mismo significado para él que para mí.

En ese instante, no me dí cuenta de que el ascensor llevaba abierto un buen rato. Y la persona que había dentro lo había escuchado todo, pero todo. Me solté de Xander rápidamente y dije avergonzada:

- Hola, Blake.

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